Hi ha un pany de mar al revolt
i un tros de cel escarlataJ.V. Foix
Sin transición, en una secuencia imposible, el mar aparece a la vuelta de una esquina o de un camino. Estos versos del poeta Foix sitúan a la naturaleza irrumpiendo entre los espacios del ser humano, y la imagen podría resultarnos tan liberadora como turbadora.
Resolver un encuentro domesticado entre naturaleza y ciudad ha sido una de las preocupaciones históricas del urbanismo. En el s. XIX, con la revolución industrial, y todos los problemas de demografía e insalubridad que ésta ocasionó, empezó a tomar cuerpo una búsqueda hacia nuevos modelos urbanos que pudieran recuperar algo de la arcadia primitiva, perdida por el ser humano. Desde la garden-city hasta las actuales smartcities, pasando por la ville radieuse de Le Corbusier, numerosos modelos teóricos han proclamado con énfasis la llegada de la nueva ciudad, aquella en la que los valores de la naturaleza quedarán integrados con armonía en el sistema urbano.
En Barcelona, una ciudad en la que todo está muy diseñado, uno puede tener una imagen más bien silvestre de la Naturaleza cuando se acerque por la calle Madrazo hacia la calle Calvet. Entre las fachadas verá cómo al fondo se va abriendo paso, de un modo casi furioso, una masa vegetal exuberante. Madrazo gana anchura y pasa a llamarse Tenor Viñas tras cruzar Calvet pero queda bruscamente cortada por esta vegetación tumultuosa que se retuerce entre edificios.
En realidad estamos viendo el Turó Parc, cuya entrada principal (situada en otro punto) tiene una apariencia monumental y está totalmente armonizada con la avenida Pau Casals. Sin embargo se diría que la propia naturaleza que el parque quería contener se ha rebelado y ha empezado a desbordarse hacia nuestra calle lateral, Tenor Viñas, como si ésta fuera su única vía de escape. El semáforo parece querer detener la estampida, meterla otra vez en las leyes de la ciudad, pero los árboles no entienden la luz roja y lo arrollarán en su avance implacable.
El Turó Parc fue diseñado por el paisagista Nicolau M. Rubió i Tudurí cuando los edificios que ahora lo rodean todavía no existian. Desconozco si él fue exactamente consciente de cómo se iba a ver la vegetación desde las calles actuales, pero el resultado es que, al menos desde una de ellas, parece que los árboles y la hierba se niegan a formar parte de un modelo previo, de un parque. Parece que un lienzo de bosque ha irrumpido entre las calles, de esa misma manera incontrolable como lo hace siempre el misterio de la naturaleza entre los artificios del ser humano.
Rafael Pérez Mora
Desde la calle Madrazo |
En realidad estamos viendo el Turó Parc, cuya entrada principal (situada en otro punto) tiene una apariencia monumental y está totalmente armonizada con la avenida Pau Casals. Sin embargo se diría que la propia naturaleza que el parque quería contener se ha rebelado y ha empezado a desbordarse hacia nuestra calle lateral, Tenor Viñas, como si ésta fuera su única vía de escape. El semáforo parece querer detener la estampida, meterla otra vez en las leyes de la ciudad, pero los árboles no entienden la luz roja y lo arrollarán en su avance implacable.
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Solo ante el peligro |
El Turó Parc fue diseñado por el paisagista Nicolau M. Rubió i Tudurí cuando los edificios que ahora lo rodean todavía no existian. Desconozco si él fue exactamente consciente de cómo se iba a ver la vegetación desde las calles actuales, pero el resultado es que, al menos desde una de ellas, parece que los árboles y la hierba se niegan a formar parte de un modelo previo, de un parque. Parece que un lienzo de bosque ha irrumpido entre las calles, de esa misma manera incontrolable como lo hace siempre el misterio de la naturaleza entre los artificios del ser humano.
Rafael Pérez Mora
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